Nuestro punto de vista diseña el mundo que nos rodea.

Hace tiempo escuché una frase, que se atribuye a diferentes autores, pero que llama mi atención por la profundidad de la misma: “Las cosas no son en si mismas, sino que dependen de nuestro punto de vista, dependen de cómo las vemos o las sentimos” o dicho de otra manera, “No vemos las cosas como son, sino como somos nosotr@s”. Esta frase incita a reflexionar, comenzando por ese nosotros que está implícito en ella, ese YO.

Si tod@s, mirasemos una misma silla y tuviésemos que hacer una descripción de la misma, podríamos coincidir en algunos aspectos, pero cada uno describiría una parte de la silla. Quizás unos mencionaran su color (no el mismo para tod@s), otros hablarían del estilo, de su funcionalidad, de su composición, de su estructura… pero al margen del objeto en si mismo que tendríamos delante, cada uno aplicaría su experiencia para describirla, es decir, sus recuerdos, sus vínculos, sus afectos… Esa mochila que muchos profesionales mencionan, y que llevamos con nosotr@s a todas partes, no es un mero simbolismo o una carga, sino un posicionamiento, que nos hace fijarnos más en las patas de la silla o el respaldo, en su comodidad o en su belleza. Si tan distintos, han sido, unos de un objeto más o menos objetivo y frío (depende de nuestro punto de vista) que pasaría si tuviésemos que hacer ese mismo ejercicio con una persona. Cómo la vemos, depende de cómo la miramos, de a través de qué lentes, de en qué momento lo hacemos, y no de la persona en si.

Hoy escuché a dos paciente hablando en la sala de espera. Uno advertía en el otro “qué mala cara tienes”. Enseguida, el que recibió el comentario se alertó, se fue a mirar al espejó y se preguntó a si mismo, ¿tan mal me encuentro que se me nota por fuera? Ante ese tipo de comentarios, nos preguntamos por nuestro aspecto, podemos incluso obsesionarnos por estar bien para los demás o en aparentar. Según mi análisis, debemos hacer hincapié en un detalle, ¿cómo se encontraba la persona que hizo ese comentario? Recordad la frase del inicio y volved a leer el ejemplo si teneis alguna duda.

Quiero decir, que en cualquier reflexión, una de las partes más importantes a analizar, es mi parte de responsabilidad, de influencia, mi auto-cuidado, lo que me atañe a mí. En este caso podríamos describirlo como mi Estado mental:

 – un estado de nuestra mente (de nosotr@s) en un momento y circunstancias

  determinadas, una reacción ante un  estímulo. Compuesto por: emociones,

  pensamientos, conductas, sensaciones, expectativas, motivaciones, relaciones,

  recuerdos, proyecciones de futuro…etc.

Por ejemplo: No sólo hablamos de sentir enfado (una emoción) , sino de los pensamientos con los que se relaciona, de nuestra actitud y la influencia de los otros. En este caso, podríamos hablar de un estado mental de enfado y desahogo, en el que me altero, creo que alguien se ha comportado de manera injusta conmigo y me desahogo soltando “sapos y culebras” por la boca.  El hecho de reconocer qué pienso, cómo me siento y me comporto, me ayudará a comprender mis relaciones con los demás, mi interacción en un mundo que voy diseñando según esos mismos estados, según me siento, y según lo veo.

Pero en todo par, como es el caso de las relaciones humanas, hemos de tener en cuenta, un mínimo de dos puntos de vista, dos diseños del mundo, dos modos de sentir diferenciados.

 

Cuando analizamos, nos cuestionamos y reflexionamos sobre nuestro estado, sobre cómo nos comportamos en diferentes momentos, hay un dato que no podemos olvidar, estamos unidos a OTROS. No hay estado mental, estado de ánimo, pensamientos, emociones o conductas, en soledad, alejados de cualquier contexto. Se trata de estados, de respuestas ante un estímulo, ya sea propio, interno o externo, de reacciones ligadas a los estados de otras personas de nuestro alrededor. Ser capaz de identificar nuestro propio estado y el de los demás, así como las influencias mutuas se llama MENTALIZAR. Una capacidad a entrenar con diversas funciones, pero que sobre todo, nos ayuda a convivir, a entender, a reflexionar, y a cuidarnos.

 

Si retomamos la frase que nos trajo hasta aquí nos percataremos de su significado, ahora, con una mayor profundidad. Ni siquiera apreciamos los mismos colores, unos y otros, ni advertimos las mismas cualidades de una persona. Nos sentimos atraídos por lugares o sensaciones diferentes, dependiendo de lo que necesitemos, deseemos, o simplemente veamos o apreciemos en el otro. Incluso, cuando creo distinguir cómo se siente la persona que tengo al lado, lo hago desde mi propio diseño del mundo, desde mi punto de vista, teniendo en cuenta cuánto y cómo pesa mi mochila. Es por ello tan importante, atender a otros puntos de vista, comprender otros diseños, otras formas de pensar, pues nos abrirán la puerta a nuevas deficiciones y experiencias. Tengamos en cuenta que no podemos vivirlas todas, ni cometer todos los errores del mundo posibles para aprender, es por ello, que NOSOTROS y los OTROS, son una fuente experiencial de aprendizaje. Pues aprendamos y disfrutemos!!!

 

 

Victoria Sánchez Mújica

Psicóloga clínica y de la salud Ca-00818

Psicoterapeuta y responsable de Proyecto Acompasados

http://www.proyectoacompasados.com

Fuente imágenes: http://www.pixabay.com

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Cómo comunicar el diagnóstico a nuestr@s hij@s.

 

 

“Una guía práctica y explicativa, cuya función es el apoyo a las familias que conviven con el Síndrome de Noonan. Un material orientativo creado para ayudar a padres, madres y familias, en el inicio d ela comunicación, del diálogo con sus hij@s, sobre la enfermedad, sobre la enfermedad que padecen, mejorando su calidad de vida como pacientes, y por tanto, las relaciones familiares. sin perder la perspectiva de los más pequeñ@s, o la carga emocional de una labor delicada y necesaria, que implica a todo@s  los miembros que componen cada familia en particular”.

 

Así comienza la presentación de un proyecto muy especial que hoy quiero compartir con vosotr@s. Un recurso de apoyo para familias, que nos mostrará cómo comunicarnos con niñ@s/jóvenes afectad@s por una enfermedad crónica. Aunque en esta ocasión hablamos de circunstancias muy concretas, pues se ha realizado en colaboración con la Asociación Síndrome de Noonan Cantabria, se pueden extrapolar la mayoría de los apartados de la guía para otras dolencias crónicas o circunstancias de falta de salud.

 

 

La comunicación es fundamental para adaptarnos a la nueva situación, para aceptar la enfermedad, para amortiguar los miedos surgidos y los pensamientos negativos, de las personas afectadas ( paciente y familia).

 

Es comprensible que los padres alberguen dudas sobre este tema. Hablar de la enfermedad con sus hijos son momentos a preparar, a planificar, y don muy relevantes para que los niñ@s comprendan la situación. La decisión la deben de tomar los padres (o personas responsables de los menores).

 

-Aprendiendo a comunicarnos.

-La enfermedad para l@s niñ@s.

-Comprensión de la enfermedad según la etapa de desarrollo infantil.

-Preguntas frecuentes.

¿Esnecesario hablar con mis hij@s?

-Cuándo, cómo, quién y qué debemos de explicar.

-Posibles reacciones de los niñ@s según su edad.

-Preocupaciones infantiles.

-Conversando con l@s herman@s.

-La respuesta emocional de la familia.

-Pautas generales para afrontar la situación.

-Cuándo pedir ayuda.

 

Estos son algunos de los temas tratados en profundidad, con ejemplos y pautas prácticas, desarrollados a través de 9 capítulos.

 

Uno de los moyivos de la elabración de esta guía fueron las diversas dudas que expusieron las familias en el III Encuentro Estatal de familias afectadas de 2016, además de estados de confusión que algunos padres refieren en consulta.

 

En muchas ocasiones los padres evitan un situación comprometida y dolorosa. Unas palabras que aportarán realidad a la situación diaria que viven al verbalizarla.

 

A menudo los padres esperan que sean sus hij@s lo que hagan las preguntas. Pero es posible que percibiendo la tensión que genera ese tema de conversación, también eviten sacarlo. En ese caso estamos ante la protección de sus hijos a los padres, tal y como han sido enseñados. Pero se debe evitar ese pacto de silencio y de protección mutua que impide la comunicación en el hogar sobre un tema tan importante.

 

El tiempo en este caso, no será un aliado, pues dificultará esa primera conversación. sobre todo debido a la gran imaginación de los niñ@, que percatándose de que sucede “algo raro” habrán cubierto los huecos de falta de información con fantásticas argumentaciones propias, historias creativas y que les han servido para entender lo que no había sido explicado. a veces nos amaparamos en su corta edad para no dar explicaciones, pero hemos de hablar con un lenguaje apropiado, siendo muy claros y cercanos, aportando lo que ellos puedan entender, adaptado a su madurez y necesidades.

 

Para personas o familias interesad@s, podéis descargar de manera gratuita esta guía, a través del siguiente enlace Descarla AQUÍ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde aquí, gracias a las familias inspiradoras, a l@s colaboradores y participantes que han hecho posible que esta herramienta vea la luz.

 

Victoria Sánchez Mújica

Psicóloga clínica/de la salud Ca-00818

Psicoterapeuta

Responsable de Proyecto Acompasados

¿Qué etapas viven los pacientes crónicos? De la respuesta de negación, a la convivencia.

 Nuestras conductas de salud, de cuidado, de afrontamiento o por el contrario de desafío… irán parejos a lo que pensamos en cada momento de convivencia con la enfermedad y a las emociones sentidas. Por ello, es muy importante identificar lo que sentimos en cada momento, en cada fase de respuesta, desde las pruebas previas al diagnóstico, pasando por las citas médicas y en el período de adaptación.

 

La Primera Fase: la negación. (Lucha o evitación).
La primera reacción ante la noticia suele ser la negación, se piensa “no es verdad”, “esto no puede estar pasándome a mí”, “seguro que se han equivocado”. Una forma más ligera de negación puede ser minimizar el significado del diagnóstico (“no será tan grave”, no tomar la medicación o no volver a los controles son conductas relacionadas con la negación, con la huída). La negación es normal en un principio, pero no es sano quedarse en esta etapa. Llegar a aceptar la realidad de la enfermedad y sus consecuencias lleva tiempo, pues la aceptación debe ser conociendo la enfermedad y asumiéndola desde el punto de vista emocional. Tengamos en cuenta las características de cada enfermedad diagnosticada,  de cada sintomatología o de las circunstancias de las personas, de sus edades o momentos vitales en el momento del diagnóstico, así como los particulares tratamientos, que puedan implicar la falta de comprensión de la enfermedad o inseguridad.

 

Ejemplo:

¿Qué siento? Incertidumbre, miedo, importencia, incredulidad.

¿Qué pienso? Esto no me puede estar pasando, por qué a mí,…

¿Qué hago? No seguir el tratamiento, buscar información…

 

En ocasiones, lo que los pacientes trasladan en consulta es la falta de comprensión de los que les rodean, las múltiples preguntas a las que tienen que responder, las eqtiquetas sociales o la falta de información sobre su dolencia… Este tipo de cuestiones ralentizan el proceso de adaptación pues los pacientes pueden sumirse  en momentos de inseguridad, de incertidumbre, de desaliento… de falta de control sobre sus vidas o de cuestionamiento por parte de  los demás. (Recordemos el artículo “Con dos cucharadas de emaptía, por favor“).

 

En esta etapa de huída de la realidad, podemos pasar por diferentes estados, primero la incredulidad o el desafío, después el enfado o la rabia, y finalmente la negociación, momentos en que hacemos pactos con nosotros mismos tratando de mejorar. Un ejemplo de ello: Quizás esto me ha pasado por no cuidarme, así que a partir de ahora mejoraré mi alimentación y haré ejercicio.

 

Estos estados que favorecen el aislamiento de los pacientes, las dudas o confusión, el desaliento e incluso potencia el sentimiento de pérdida de control sobre la vida. Focalizamos nuestro enfado hacia el equipo médico, hacia la familia y/o amigos, e incluso hacia nosotros mismos. Los sentimientos de soledad, de incomprensión, de temor, desilusión… van apareciendo, además de la rabia, la desesperación, el desconsuelo o la angustia.

 

La Segunda Fase: el dolor.
El dolor, se manifiesta con rabia, ira, angustia o culpa. Cualquier conducta que intente evitarlas o bloquearlas no hará más que alargar el dolor. Los comentarios de familiares y amigos “hay que ser fuerte”, “tú puedes”, “necesitas distraerte”, aumentan la incomprensión acerca de la enfermedad, logrando que las manifestaciones del dolor del paciente afectado, no puedan salir a flote, dándole a entender que no tiene derecho a sentirse mal. Estas conductas y comentarios aumentan sus defensas y bloquean el proceso de asimilación. Por el contrario, compartir estos sentimientos pueden acrecentar la unión y facilitar el tan necesario apoyo familiar y social con respecto de la enfermedad. Por lo tanto es importante que el núcleo familiar y amigos se interesen por conocer de la enfermedad, acompañar al paciente en sus sentimientos. Y por tanto, que los pacientes no se aislen se permitan sentir y compartan ese dolor sentido.

 

 

Se trata de una fase en la las personas aprecian los cambios acaecidos en su vida, se entristecen al realizar comparaciones y al percatarse de que su estilo de vida o planes de futuro se han modificado. Es una fase en la que hemos de estar alerta por la aparición de síntomatología depresiva. Pero no deja de ser nuestra actitud, nuestras reacciones, lo que nos invade y conmueve, lo que verdadermente marca el camino a transitar, las paradas a realizar, y los cambios que nos quedan por experimentar.

 

El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”.  BUDA

 

La Tercera Fase: la adaptación. Mejorando la convivencia.
La adaptación del padecimiento, y del cambio que supone en la vida para el paciente crónico y su entorno.

Las adaptaciones sociales: cómo influye la enfermedad en la vida cotidiana de la persona, de la familia. Todos deben ajustarse lentamente a una nueva situación e incorporar en la vida cotidiana, unas nuevas necesidades que son parte de la enfermedad. Todo esto dependerá de las características la persona y el diagnóstico.

Las adaptaciones del paciente : cómo influye la enfermedad en la imagen que la persona tiene de sí misma. El afectado y su entorno, debe adaptarse a un nuevo sentido de sí mismos. El autoconcepto y la autoestima, pueden verse alterados, por ello debemos prestar especial atención en esta fase.

 

La aceptación no es resignación.

 

 

El último escalón es comprender que padecer una enfermedad es una circunstancia en la vida, y que implica una transformación de la persona y diversos cambios en nosotros y nuestro ambiente. Pero, con el tiempo, esta convivencia nos descubrirá fortalezas adquiridas, otro puento de vista sobre la enfermedad. Esta última frase ha sido reiterada en consulta por pacientes que conviven con su dolencia.

 

No hay un tiempo estipulado para transitar por las fases, para que cada paciente responda de una manera u otra ante la pérdida de la salud a largo plazo. Se trata de encontrar el ritmo propio, individual, adaptado a nuestras circunstacias, a la enfermedad, al entorno… Acompasándolo.

 

Sólo cuando la persona se estabiliza emocionalmente, con su enfermedad

y sus consecuencias, puede asumir su realidad y continuar viviendo con la enfermedad.

 

Victoria Sánchez Mújica

Psicóloga clínica/ de la salud Ca-00818

Psicoterapeuta familiar y de pareja

Responsable de Proyecto Acompasados – Atención psicológica

¿Cómo sentir que no perdemos el control sobre nuestras vidas tras la enfermedad?

¿Cómo afecta nuestro estado de ánimo o cómo nos sentimos a nuestro comportamiento cuando padecemos una enfermedad? Las creencias de las personas, sus reflexiones o estados mentales, pueden alterar su manera de cuidarse, sus conductas de salud.

Al diagnóstico le acompaña la información que facilitan los especialistas, o nuestra propia búsqueda posteriormente. Hay determinadas características de las que nos vamos enterando poco a poco, investigando o por explicaciones profesionales, como por ejemplo el curso de la enfermedad, el tratamiento, cambios en la calidad de vida que conlleva, otros síntomas que van apareciendo…etc. Cuestiones que afectan al día a día de pacientes y/o familiares. Que afetan a los hábitos, rutinas, emociones, actividades, labores,… Pero también a la propia adherencia al tratamiento y a la evolución de la enfermedad, desde ese mismo momento.

Las personas emitimos valoraciones concretas de lo que ha sucedido y cómo lo hemos vivido, sobre los cambios acontecidos y nuestras posteriores respuestas y actitudes. Esto, se verá reflejado en la actitud que se mantiene frente a la enfermedad, en las expectativas, planes de futuro y en las del círculo más cercano.

Uno de los aspectos más impresionables en la implicación descrita, es la vulnerabilidad sentida por los pacientes desde el primer minuto. Nadie se suele plantear este tipo de noticias fatídicas, si padecerá una enfermedad  o se imagina que seamos personas con discapacidad en un futuro. Muy al contrario tendemos a pensar de una posición de invulnerabilidad, ” amí eso no puede pasarme”.

Tal y como hemos ido viendo a través de las información, la enfermedad, los síntomas y el estado de la persona evolucionan a la par pues forman parte del mismo sistemas, influenciados por los mismos aspectos. Pero a lo largo del proceso hay un factor clave que marca el compás, la incertidumbre versus el control de la información. Si la persona no puede estructurar, reconocer o comprender un suceso, no será capaz de crear un espacio propio, o prever una evolución.

Podemos enumerar aspectos a tener en cuenta relacionados con la enfermedad y lo vivido por el paciente::

– La Ambigüedad.
-La Complejidad con relación al tratamiento y al cuidado.
-La Falta de información acerca del diagnóstico y la seriedad de la enfermedad.
-La Falta de predicción sobre el curso de la enfermedad y el pronóstico.

Las emociones juegan un papel primordial en el proceso de afrontamiento, de asimilación y convivencia con la enfermedad, además de facilitarlo si hablamos de emociones positivas, que funcionarán como mediadores, promotores del bienestar psicológico del afectado y de su familia. Además, junto con las actitudes y creencias marcarán lo que se califica “nuestra percepción de la enfermedad” y cómo lo ajustamos a nuestras vidas.

Sobre qué aspectos sí influimos, sí podemos gestionar, sobre qué aspectos podemos decidir o podemos controlar…     Clave:    NUESTRA ACTITUD.

 Si estás interesado en estos temas, quieres ampliar la información o mejorar la convivencia con tu enfermedad o con la de un familiar te recomiendo mi taller online:

Más información o inscripciones escribiendo a proyectoacompasados@gmail.com

Últimos días para inscribirse en el taller online  “Conviviendo con la enfermedad”,  que dará comienzo el lunes 5 de junio. Una oportunidad para aprender  lo que significa convivir con una enfermedad crónica, qué se necesita para llegar a la fase de adaptación, mejorando la calidad de vida como paciente y/o familiar. Cómo nos afecta el dolor, cómo manejar los miedos o gestionar las emociones, cómo afecta la enfermedad a nuestro nivel de vida, cómo nos estresa y cómo podemos regularlo… y muchos temas más, a través de ejemplos, ejercicios y textos especialmente diseñados y personalizados en cada caso. PRÓXIMAMENTE NUEVA EDICIÓN. iNSCRIPCIONES ABIERTAS!!

Victoria Sánchez Mújica

Psicóloga clínica y de la salud

Psicoterpeuta familiar y de pareja

Responsable de Proyecto Acompasados – Atención psicológica

Cuando necesitamos distanciarnos y no sentir las emociones que nos transfieren los demás. La Ecpatía.

Desde hace algunos años, recibimos un mensaje  desde la sociedad, de manera constante, la necesidad de que nos entendamos los unos a los otros emocionalmente hablando, que seamos capaces y potenciemos la capacidad empática. Lo que quiere decir, que sepamos interpretar las emociones “del otro” sin que nos lo verbalice, que sepamos ponernos en su lugar, en sus zapatos. (Aunque lo haremos desde nuestro punto de vista, entendiéndolo desde nuestras personales vivencias o circunstancias). Es una de las claves para conectar con otras personas, para comunicarnos, para crecer como sociedad. Pero entiendo, que hay una segunda parte de ese mensaje que no se infiere, que se está tardando en reflejar, y es que la capacidad empática debe estar equilibrada, sentir dentro, estableciendo unos límites que nos ayuden a sentir fuera, a saber ponernos en nuestro propio lugar. Que el contagio emocional provocado por otros no anule nuestras propias emociones, no distorsione nuestro propio sentir.

      “Un monje imbuido de la doctrina budista del amor y la compasión por todos los seres, encontró en su peregrinar a una leona herida y hambrienta, tan débil que no podía ni moverse. A su alrededor, leoncitos recién nacidos gemían intentando extraer una gota de leche de sus secos pezones. El monje comprendió perfectamente el dolor, desamparo e impotencia de la leona, no sólo por si misma, sino, sobre todo por sus cachorros. Entonces, se tendió junto a ella, ofreciéndose a ser devorado y así salvar sus vidas.”

     Esta pequeña historia puede ayudar a entender los peligros de extralimitarnos, de no distanciarnos o no establecer unas pautas de auto-cuidado emocional. Es necesario regular nuestra capacidad empática, limitar su expresión cuando puede ser perjudicial para nosotros. (autocuidado). Aunque este tema puede abrir críticas en torno a los conceptos de “egoísmo”, “altruismo” o de juicios de valor sobre lo que significa mirar hacia uno mismo, atenderse y cuidarse para poder después cuidar de los demás.

       Según el catedrático de Psiquiatría J.L. González de Rivera,


Empatía es la capacidad para comprender, ser consciente y sensible a los sentimientos de otra persona sin que los hayan explicado de forma explícita “ponerse en los zapatos del otro”, como comúnmente se suele decir, aunque se hará desde la propia perspectiva de uno, de sus vivencias y experiencias. Esta capacidad se considera como una habilidad en las relaciones humanas.

Ecpatía es un nuevo concepto, complementario de empatía, que permite el apropiado manejo del contagio emocional y de los sentimientos inducidos. Proceso mental voluntario de exclusión de sentimientos, actitudes, pensamientos y motivaciones inducidas por otros.

     Hablamos por tanto de un estado compensatorio de la empatía, necesario en ocasiones, para ponernos en nuestro lugar, analizar  e identificar nuestras emociones, nuestro sentir y pensar, al margen de las influencias externas, evitando que nos inunde un fuerte sentimiento ajeno. No me refiero con ello a una pose de frialdad, de tratar de ser duros o indiferentes ante el sufrimiento de otros. Trato de expresar la necesaria protección y responsabilidad sobre nuestro propio cuidado.

    Si por ejemplo acudimos a acompañar a un amigo o familiar, al hospital, a un funeral,… u otra circunstancia parecida, nuestra ayuda pasaría por “estar ahí” y entender su malestar. Percibiríamos sus nervios, su tristeza, su miedo o preocupación sin que apenas lo mencionase. También podemos tratar de comprender qué se nos mueve por dentro en esos momentos, qué instantes revivimos o cuál es nuestro particular estado. Pero si dejamos que su tristeza o miedo nos inunde, nos contagie puede que no seamos un apoyo consistente, una mano que agarrar, un consuelo, sino un peso más, sólo un reflejo de sus emociones. Una manera, por tanto, de frenar el estrés emocional, de evitar que el dolor nos bloquee o de poder actuar en determinados contextos laborales, como el sanitario, humanitario, educativo, etc.

    Encontrar un punto de equilibrio es entender ambos conceptos, aprender a ver varios puntos de vista, propio y ajeno, para comprender las múltiples posibilidades de una misma vivencia compartida, cuidándonos y apoyando a los que nos rodean.

Victoria Sánchez Mújica

Psicóloga clínica/ de la salud

Psicoterapeuta y responsable de Proyecto Acompasados

http://www.proyectoacompasados.com

Una nueva realidad: Aprendiendo a convivir con la celiaquía.

El pasado 20 de abril ofrecí una charla, organizada por ACECAN (Asociación de Celiacos de Cantabria) y con la colaboración del Ayuntamiento de Bezana, para personas interesadas y socios. Quiero agradecer el espacio  y los medios que se dedicaron, así como la afluencia de personas interesadas y la participación de los asistentes.

“Cuando la familia convive con una enfermedad crónica.

Gestión emocional de la celiaquía.”

Breve resumen de la charla que servirá como recordatorio o como reseña para aquell@s que no pudieron asistir:

¿Qué sucede emocional y psicológicamente cuando en la vida de una persona aparece un nuevo elemento a tener en cuenta: La enfermedad, la pérdida o afectación de la salud?

 

1.- La enfermedad no afecta sólo al sujeto que la padece sino a todo su entorno, provocando tensiones en la familiar y círculo cercano.

2.- Cada día aumenta el número de familias a las que le afecta una enfermedad crónica (de diversa índole) , y el tiempo de afectación, a su vez, es cada vez mayor.

3.- Las familias necesitan un guía, un mapa para para aprender a convivir con la enfermedad, recibir apoyo y mirar la situación bajo un prisma de normalidad.

Estas nuevas circunstancias, provocan una vorágine emocional en los afectados, ya sean niños o adultos, que se enfrentan a un proceso de afrontamiento, a diversos cuidados o tratamientos a largo plazo. Negación, dudas, confusión, tristeza, enfado, culpa, desesperación, rabia, frustración, miedo, incertidumbre, incredulidad… son algunos de los ejemplos emocionales que se pueden sentir y experimentar en diferentes fases de la enfermedad, siendo la persona diagnosticada o alguien muy cercano a él/ella. En este proceso es clave, el entendimiento, la aceptación, y la gestión de las emociones, además de obtener información al respecto (por ejemplo de la asociación de pacientes de referencia, como es el caso), pedir ayuda si es necesario y recibir apoyos aportando una carga de normalidad, pero evitando que estos estados o sentimientos nos paralicen o bloqueen, tratando de regular respuestas como la ansiedad o el estrés que conlleva este tipo de procesos.

 

¿Cómo afecta el cambio segun sean niñ@s, adolescentes o adultos?

Las reacciones ante el diagnóstico se pueden dividir entre: Alivio o Impacto, dependiendo de cómo se haya vivido la etapa pre-diagnóstica, su duración, nivel de ansiedad  o preocupación sentida, malestar o intensidad emocional, así como otros factores como la sintomatología, las sospechas previas o la sensación de alarma.

 

Fases por las que transitan las personas diagnosticadas:

Gestión emocional:

Aspectos más relevantes a tener en cuenta. Algunos de las sensaciones o sentimientos predominantes en pacientes celiacos  son el temor, la vergüenza, el aislamiento, la preocupación por molestar, estado de alerta constante, deseo de mostrar una buena imagen sentir que son olvidados o descuidados, no querer llamar la atención, evitar hablar del tema, sobre todo ante las dificultades más palpables como comer fuera, viajar o situaciones vividas en el ámbito laboral.

Recordemos que “comer”, no es sólo alimentarnos, sino compartir momentos con otras personas, relacionarnos, sentir, comunicarnos… de ahí nacen algunos de los impedimentos que estos pacientes y sus familias, perciben en su día a día.

¿Cómo afrontamos los cambios?

Normalmente hay una mezcla de conductas de afrontamiento de diverso tipo. ¿Con cuáles te sientes más identficad@?

 Cuidadores:

Especial atención a los cuidadores y cómo les afecta la enfermedad de la persona a la que cuidan,  y los cuidados y preocupación que sienten a lo largo de la misma.

Para concluir debatimos en torno a las dificultades de esta enfermedad crónica y de lo que supone como circunstancia vital para la vida de los pacientes, dificultades muy ligadas a las relaciones, a la convivencia en sociedad. Además de añadir algunos datos de los últimos estudios en cuanto al impacto d ela enfermedad en la calidad de vida de pacientes y familiares.

Gracias a todo@s por participar y por la confianza depositada!!

Victoria Sánchez Mújica

Psicóloga clínica/de la salud Ca-00818

Psicoterapeuta familiar y de pareja

Responsable de Proyecto Acompasados

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Necesidades, emociones e interpretaciones. Resolviendo conflictos personales.

Hace unos días ofrecí una charla sobre “Los conflictos personales y nuestra implicación”. Abordamos varios temas, gracias a las aportaciones de los asistentes y de sus preguntas. Me parece reseñable resumir algunos de ellos aquí. Como por ejemplo cómo entendemos los conflictos interpersonales.

 ” Las personas construyen su mundo personal

mediante su interpretación de los acontecimientos.”  Kelly.

 CONFLICTO es un choque entre diferentes necesidades o ideas, intereses contrapuestos que son confrontados. Pero además, son inevitables, forman parte de nuestra vida, una gran fuente de aprendizaje. Implican cambios, mejoras. No son ni negativos ni positivos, dependen de cómo sean manejados.

Desde la superficie, lo que cada uno aprecia de los conflictos en los que está inmerso son aspectos como la posición de cada implicado, las justificaciones o argumentos expuestos o las expresiones. Pero que hay debajo… ???

 

 

A la hora de analizar la situación, de estudiar nuestra percepción y de tratar de vislumbrar opciones, alternativas o posibles soluciones, hemos de tener claro qué está bajo nuestro control y qué aspectos no lo están.

 

En muchas ocasiones el detonante que hace visible las diferencias de intereses entre dos personas, es sentir la frustración o irritación (de una de las partes), experimentadas en una conversación con el “otro”, al haber sentido la necesidad de que lo escucharan o al no haberse cumplido sus expectativas. Cómo percibimos los conflictos, la subjetividad, las fallas en la comunicación, las presiones internas y externas, las diferencias de caracteres o de historias vitales, o las necesidades instisfechas son fuentes importantes para que salgan a la luz conflictos, para que se manifiesten diferencias latentes entre dos personas.

 

Pasos a seguir ante un conflicto:

A)       a.1.- Reconocer y aceptar lo que nosotros sentimos.

     a.2.- Respetar las emociones de los demás. Detrás de las emociones hay necesidades no satisfechas de todo los implicados en el conflicto, y hemos de tener en cuenta que las necesidades de los seres humanos seres comunes.

B) Qué pienso en esos momentos de tensión, tras los enfrentamientos o discusiones. Qué pensamientos genero ante las  dificultades.

       b.1.- “yo tengo la culpa”.

       b.2.-  “la culpa la tiene el otro”. (por ejemplo).

C) Dejar de buscar culpables en el conflicto y expresar: qué he vivido, cómo me he sentido, cómo lo interpreto y qué me hubiese gustado que pasara (con propuestas para el futuro). Hemos de describir nuestro estado emocional y mental en el conflicto para después tratar de resolverlo, sin hablar desde el enfado o la rabia, y para lograr, además, escuchar al otro activamente.

 

” Tres cuartas partes de los infortunios y malentendidos del mundo,

desaparecerían si nos pusiéramos en la piel de nuestros adversarios

y comprendiésemos su punto de vista.” M. Gandhi.

 

Victoria Sánchez Mújica

Psicóloga – Psicoterapeuta

Responsable de Proyecto Acompasados

http://www.proyectoacompasados.com